Entrevista a Teresa Ribera, directora de IDDRI y ponente en Sustainable Brands Barcelona

Teresa, ¿queda aún alguien por ahí que niegue el cambio climático y su gravedad?

¡Qué pregunta más difícil! Seguramente, pero como ha ocurrido con otras muchas cuestiones en la historia: si la Tierra era redonda o plana, si fumar afectaba o no a la salud… Yo creo que lo importantes es que el nivel de certidumbre sobre la trascendencia y las causas de lo que ocurre es tan grande que es una irresponsabilidad enorme no actuar o no hacerlo con la intensidad que se requiere.

Hace algún tiempo en un artículo tuyo pudimos leer que el cambio climático amenaza los más elementales derechos humanos: el derecho a la vida, la libertad y la seguridad de las personas. Sin embargo, tenemos la sensación de que eso sólo pasa en países en vías de desarrollo. ¿Tenemos una percepción equivocada? ¿Cómo nos está afectando ya?

Las dificultades siempre afectan más a quienes son más vulnerables, por eso tenemos la impresión de que es un problema esencialmente de países en desarrollo. Pero lo cierto es que nos afecta a nosotros también de forma directa e indirecta. Directamente porque se incrementan los fenómenos meteorológicos extremos y con ello las olas de calor o las inundaciones. Indirectamente porque grandes sequías pueden afectar la producción de alimentos, generando crisis humanitarias, movimientos migratorios masivos, incrementos en precios de alimentos básicos. Ni son efectos lineales en el tiempo ni los vivimos todavía con la intensidad que describen los modelos, pero tenemos capacidad para proyectar las consecuencias que tendrían en nuestras vidas y las de nuestros hijos. ¿Quién mira a la cara a su hijo sabiendo que puede tener que vivir situaciones dramáticas por nuestra culpa?

Y ¿qué intereses hay detrás de hacernos creer que esto es pasajero y que sólo afecta a los países pobres?

Creo que en gran medida es ignorancia y prejuicio, como si fuera algo teológico o algo así. A eso se suma el interés cortoplacista de quienes pueden actuar, dónde están colocados los ahorros e inversiones, qué dificultades políticas puede haber para explicar que es necesario acometer una gran revolución energética y de estilos de vida… No es fácil. Aparentemente, es más sencillo aparcar el problema y esperar a que sus efectos sean inminentes. Pero es un engaño irresponsable porque paliar sus efectos de forma reactiva será mucho más costoso y encima tendremos que contar con la inercia del sistema climático que pueda hacer imposible el mantenimiento de las condiciones climáticas necesarias para la vida humana tal como hoy la conocemos.

Hasta ahora, iniciativas de empresas y marcas muy relevantes dan la sensación de tener un impacto limitado. ¿Deberían convertirse estas iniciativas en un standard de actuación, en una obligación legal? ¿Acabarían escapando a paraísos, no fiscales, como muchas hacen ahora, sino ambientales?

Yo creo que hay que orientar la regulación y el sistema fiscal para hacer atractivo lo que necesitamos y dificultar lo que nos hace daño. En líneas generales el reto consiste en transformar el “caso piloto” que representan unas “buenas prácticas empresariales” en una nueva normalidad económica.

¿Te ha dejado la cumbre del clima la impresión de que empezamos a pensar “como especie”, o los países siguen pensando en sus intereses económicos a corto plazo? Porque quizá esos intereses estén también enfocándose mal y la solución climática sea también una oportunidad de negocio…

Yo creo que hay dos mensajes que han calado: hablar de clima es hablar de medio ambiente y hablar de clima es hablar de condiciones distintas en el desarrollo de un negocio. Es importante entender que hablar de clima es hablar de mi bienestar y del tuyo, de cómo garantizamos el acceso a los derechos y los beneficios que ofrece un entorno saludable y cómo gestionamos el sufragio de los costes que conlleva su destrucción.

¿Cuál dirías que ha sido el impacto más positivo de esta cumbre? ¿Algo de lo acordado puede cambiar el rumbo actual de las cosas?

Creo que a veces se menosprecia la dificultad de ponerse de acuerdo sobre cómo transformar nuestro modelo de desarrollo partiendo de situaciones muy diferentes y el valor que tiene preservar una plataforma en la que todo el mundo esté representado.

La Cumbre de Lima ha confirmado que todos los países van a contribuir al esfuerzo colectivo. ¿Es que nadie se acuerda de cuando esto parecía imposible y una tarea limitada a unos pocos?

De todos los obstáculos que hay que remover para llegar a una solución al cambio climático, ¿cuáles son los más sencillos de superar, y cuáles los más difíciles?

Por paradójico que pueda resultar los más sencillos son los del conocimiento y la técnica y los más difíciles los del comportamiento humano, la mentalidad cortoplacista y la inercia. Cuesta mucho pensar en positivo, confiar en  nuestras posibilidades y en la voluntad de actuar colectivamente.

¿Está llegando con eficacia la información sobre la cumbre a los ciudadanos, esos que tienen capacidad para cambiar gobiernos, comprar productos y ahorrar energía? ¿Y está llegando a quienes ejecutan políticas, desde empresas, instituciones y gobiernos?

La verdad que en eso tienes razón. Algo hacemos mal para que las cumbres de clima sigan pareciendo un contubernio de funcionarios perdiendo el tiempo y que nadie entienda ni lo que hacen ni para qué sirve. Hay que pensar en cómo explicar las cosas para que se entiendan y que cada cual pueda hacerse más preguntas y buscar cómo contestarlas de forma responsable. La posición de gobiernos y empresas también es importante: el directivo de un negocio que no se plentée cómo va a afectar el cambio climático a su empresa y cómo puede adaptarse a esta evolución merece ser despedido por irresponsable. Los políticos que ni se toman la molestia de tomarlo en consideración o incluso se permiten hacer bromitas de dudoso gusto dan vergüenza y deberían ser condenados por los votantes por su irresponsabilidad.

Mucho se habla, por ejemplo, de las ayudas a las renovables pero un reciente informe señala lo subsidiadas que están las energías no renovables y, en concreto, el carbón, el gas y el petróleo ¿Por qué esos datos no llegan al gran público?

Porque vivimos una época en la que el sistema protege al que está y es el innovador, el que pretende participar en el sistema quien asume todos los riesgos y sobrecostes, con la carga añadida de encontrarse con lamentables y sesgadas campañas de desprestigio cuando avanza. Puede haber errores en la gestión de la transición porque en ningún sitio existe un manual de instrucciones que explique cómo desembarazarnos de los combustibles fósiles y alcanzar un sistema eficaz 100% renovable pero lo que estamos viviendo es una verdadera batalla por las posiciones de un sector muy importante en la economía. Un sector complejo técnica y financieramente, en manos de pocas y grandes empresas que, de repente, se enfrentan a un futuro con un modelo de negocio muy diferente, en el que el consumidor es productor y donde ya no son sólo unos pocos quienes tienen la capacidad de participar en el negocio. Además puede haber tensiones sociales a las que es preciso prestar atención.

Creo que estamos ante una transformación muy profunda en la que hay que pensar no sólo cómo gestionar la entrada del nuevo modelo sino también cómo gestionar la salida de lo que ya no nos vale, todo ello sin descuidar a los grupos sociales más vulnerables en la etapa de cambio.

Nos gustaría que nos brindaras una frase o dato que te haya impactado en los últimos días, y que ayude a conocer en qué situación estamos realmente.

Muchos de los climatólogos más prestigiosos del mundo están convencidos de que el objetivo de los 2ºC está ya fuera de nuestro alcance. Todos los expertos en clima, en modelos de emisiones de cualquier país del mundo coinciden en que en cualquier escenario no hay tiempo que perder ni riesgo de sobreactuar. El sentido de la emergencia que transmiten impacta sobremanera. Te diría que sobrecoge. Es dramático.

¿Por qué consideras que son importantes encuentros como Sustainable Brands?

Porque sólo si entendemos que son nuestros comportamientos colectivos como consumidores y votantes los que tienen la fuerza de cambiar las cosas podremos lograr la movilización que necesitamos.

¿Qué te gustaría que pasara en Sustainable Brands?

Que todos los participantes asumieran públicamente un compromiso concreto y aceptaran la supervisión externa de su cumplimiento. Creo que tenemos que generar “envidia positiva”, diferenciarnos por hacer más y mejor y ayudar a ganar colectivamente la confianza que necesitamos para acelerar un cambio que es inevitable. ¿lo gestionamos de forma responsable o reaccionamos de cualquier modo y a cualquier precio cuando ya no quede más remedio?