Conversación con Luis Carranza – World Food Programme

El gran reto es crear sistemas alimentarios sostenibles, según Luis Carranza, presidente de la Junta Ejecutiva de World Food Programme, la  organización humanitaria más grande del mundo: salva vidas en situaciones de emergencia y utiliza la asistencia alimentaria para construir un camino hacia la paz, la estabilidad y la prosperidad para las personas que se recuperan de conflictos, desastres y el impacto del cambio climático. En conversación con Diario Sostenible, el ejecutivo hizo foco un balance la la última COP26 y de la estrategia para poder avecinar hambrunas en el futuro. Luis participará en el panel  «The new paradigm for supply chain: transformative end to end» el día 26 de noviembre en la sede del IESE.

¿Qué grandes lecciones sobre alimentación en el mundo se extraen de la COP26? y ¿Cómo afectará el cambio climático en la alimentación mundial?

De acuerdo con la recién celebrada Cumbre Mundial de Medio Ambiente – COP26, una de las mas serias amenazas para la humanidad es el cambio climático y la pérdida de diversidad. Los desastres naturales (huracanes, tormentas) las sequías y los incendios forestales, son cada vez mas seguidos y prolongados, teniendo efectos devastadores para la producción de alimentos a nivel mundial, particularmente para los países en vías de desarrollo, donde los efectos del cambio climático se han traducido en un aumento de la pobreza, el hambre y la desnutrición.

Uno de los resultados de la COP26 es el relacionado con el balance que debe haber entre la adaptación, la mitigación y la financiación.  Sabemos que las actividades relacionadas con la agricultura no solo alimentan a la población mundial, sino también representan una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Sin embargo, los países deben adaptarse para proteger sus comunidades y sus hábitats naturales.  Dado que el clima está cambiando y seguirá cambiando incluso aunque se reduzcan las emisiones, los países afectados por el cambio climático deben emprender acciones decisivas para proteger y restaurar sus ecosistemas, así como construir defensas, sistemas de alerta e infraestructura y hacer sus agriculturas mas resilientes.

La estrecha relación entre cambio climático y la producción de alimentos se basa en que la producción de estos depende de e impacta en los servicios ecosistémicos y la biodiversidad. Por ello, es necesario hablar de los sistemas alimentarios y como lograr su sostenibilidad tanto, económicamente como, social y medio ambientalmente. Para entender mejor los anterior, se hace necesario primero saber que se entiende por sistemas alimentarios.  Éstos son la cadena de procesos que van desde la producción hasta la distribución y el consumo, los cuales deben garantizar que haya suficientes alimentos nutritivos disponibles para todos, ya sea que vivan en zonas urbanas o rurales y que sean hogares pobres. El desafío es hacerlo minimizando cualquier impacto negativo en el medio ambiente.

Según la ONU, el sistema alimentario mundial sufre de tres dolencias: Primero, hace un trabajo insuficiente para superar el hambre. En segundo lugar, no previene la desnutrición, la obesidad y el problema de las dietas poco saludables. Y tercero, contribuye a poner en peligro el planeta Tierra. Por ello, se debe asegurar que los sistemas alimentarios se adapten al cambio climático y sean lo suficientemente resilientes para continuar produciendo y alimentando a las personas.  Esta es la razón por la cual la Enviada Especial para la Cumbre de Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas, la Dra. Agnes Kalibata, ha pedido que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático aumente significativamente la atención a la alimentación y la agricultura.

El cambio climático efectivamente afecta la producción de alimentos y la producción de alimentos contribuye también al cambio climático cuando no es sostenible, destruyendo bosques o ecosistemas en beneficio de la agricultura o cuando emite gases de efecto invernadero.  Por esta razón, las subsiguientes COPs deberán continuar prestando cada vez mayor atención a esta interrelación entre cambio climático y los sistemas alimentarios.

¿Cómo avanzar hacia cadenas de suministro resilientes?

Desde la perspectiva del suministro y distribución de alimentos, se debe tomar en consideración la relación que hay entre los entornos rurales y urbanos.  En el primero, donde obviamente se producen los alimentos generalmente y el segundo, donde existe el mercado donde se colocan dichos alimentos. Para fortalecer la cadena de suministro de alimentos del medio rural al urbano, deben considerarse los riesgos que se afrontan, particularmente en las zonas de producción.  Por ello, se debe planificar tomando en consideración las catástrofes naturales y la adaptación necesaria para hacer frente a esos efectos. Por otro lado, se debe planificar también las formas y el cómo se trasportan los alimentos, así como la logística, con el objetivo de reducir las emisiones de carbono mediante el uso de combustibles alternativos o medios de transporte mas verdes.

Esa planificación podría incluso ligarse a la necesidad de buscar o mejorar las conexiones con las zonas periurbanas y rurales cercanas.  Esas conexiones podrían incluir el desarrollo de mercados comunales o municipales que funciones como centros logísticos para minoristas y mayoristas, buscando crear un entorno propicio para el sistema alimentario del sector informal.

DR: ¿Cuál debe ser la estrategia de occidente para evitar hambrunas?

LC: Según el Programa Mundial de Alimentos, el hambre en todo el mundo va en aumento, pues unos 270 millones de personas están siendo afectadas por la inseguridad alimentaria aguda o severa, debido principalmente a los conflictos causados por los seres humanos, el cambio climático y las recesiones económicas.  Además, la pandemia del COVID19 también ha contribuido a la escalada del hambre en el mundo, aumentando el numero de personas en inseguridad alimentaria severa.

Este numero de afectados se ha ido incrementando desde que se aprobaron los objetivos de desarrollo sostenible -ODS- de la ONU. En efecto, el objetivo principal del ODS 2 es de poner fin al hambre y asegurar el acceso a todas las personas a alimentos nutritivos y sanos todo el año.  Si continúan las tendencias recientes, el número de personas afectadas por el hambre superará los 840 millones de personas para 2030, según el informe de Naciones Unidas sobre el Estado de la seguridad alimentaria y nutricional en el mundo.

Para hacer frente a esta situación, la estrategia de las Naciones Unidas para lograr el objetivo de desarrollo sostenible 2, debe pasar por duplicar la producción agrícola y asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos y hacer que la agricultura sea mas resilientes y a la vez respeten el medio ambiente y haya capacidad de adaptación al cambio climático.

Asimismo, es muy importante aumentar las inversiones en la infraestructura rural y otras acciones para mejorar la capacidad de producción agrícola en los países en vías de desarrollo.  Por último, se deben adoptar medidas para asegurar el acceso a los mercados de productos básicos alimenticios a fin de evitar la volatilidad de los precios de los alimentos.

Si bien las anteriores recomendaciones se desprenden del ODS 2, es importante destacar el rol que los países mas desarrollados tienen para combatir el hambre a nivel mundial.  La OECD, por ejemplo, esta ayudando a sus países miembros a identificar como éstos pueden interactuar con gobiernos u otros socios a nivel país para fortalecer y apoyar las políticas nacionales cuando estas sean débiles o no respalden los recursos y las acciones fundamentales para la seguridad alimentaria en miniatura de la seguridad alimentaria y la nutrición.

Sin duda, cualquier esfuerzo tendiente a terminar con el hambre requiere de suficientes recursos para lograr dichos objetivos.  Los países desarrollados y la comunidad donante deben ayudar a los países en desarrollo a crear sistemas alimentarios sostenibles, a mejorar las condiciones de acceso a los mercados internacionales de alimentos y, sobre todo, a crear resilincia contra los efectos al cambio climático, entre otros.

Lamentablemente, los conflictos, el cambio climático y las recesiones económicas son variables que están muy presentes y que, si a esto le agregamos la pandemia del COVID19, realmente requerirá de un esfuerzo y concertación mundial sin precedentes para lograr el objetivo de terminar con el hambre en el mundo.

 

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